La tristeza es una de las emociones básicas del ser humano, junto con el miedo, la ira, el asco, la alegría y la sorpresa. Es el estado afectivo provocado por un decaimiento de la moral. Es la expresión del dolor afectivo mediante el llanto, el rostro abatido, la falta de apetito, etcétera. A menudo nos sentimos tristes cuando nuestras expectativas no se ven cumplidas, cuando las circunstancias de la vida son más dolorosas que alegres. La alegría sería la emoción contraria.
Tristeza y melancolía, podría decirse que son sinónimos, también podríamos, llamarle nostalgia. O como lo definen los gallegos: Morriña, o las "Saudades" del brasilero... Es muy difícil encontrar a un ser humano que no conozca -por distintas causas y circunstancias- este sentimiento. Podríamos decir, que es un Estado de ánimo, que muchos lo experimentan por lo menos una vez al día.
Entre esa tristeza, esa melancolía, esa nostalgia, y el amor, hay una inmensa diferencia, y esta es, que la melancolía se hace sentir, se identifica se adueña de nuestro ánimo, y con precisión podemos decir que estamos tristes, melancólicos, o nostálgicos. Y ¡ojo!, la melancolía no es una depresión, y lo resaltamos, ya que es muy común y fácil confundirlas, tanto así, que en el campo puramente biológico ambos estados de ánimo generan mecanismos homeostáticos que conllevan a un desgaste energético importante, y unido a este desgaste, la presencia de una necesidad imperiosa de descanso, tanto descanso emocional como físico que permita recuperar energías, sobre todo al área cerebral, donde se producen aquellas sustancias comprometidas con lo energético, es así, que -por lo general- a los periodos de melancolía y tristeza, le sigue un bajo nivel de actividad.